lunes, 12 de septiembre de 2011

Dejemos libre al fútbol, no a sus destructores

La pasividad de Beligoy ante la patada de Cantero a Erviti en el partido que Boca le ganó ayer  1 a 0 a San Martín de San Juan.


  Por Darío Mizrahi.
A pesar de las patadas, tanto Erviti como Xabi Alonso siguieron jugando.
Minuto 31 del primer tiempo. La pelota planea por la mitad de la cancha sin dueño aparente. La disputa es inminente: del lado del campo que está frente a La 12 viene corriendo, desenfrenado, Pablo Cantero, de San Martín de San Juan. Del lado que corresponde a los hinchas visitantes, más tímidamente se va acercando Walter Erviti, de Boca Juniors. El desenlace, que ya se sospechaba violento, supera las expectativas: los seis tapones del botín derecho del volante sanmartiniano se clavan en la boca del estómago del 11 xeneize. La asociación libre trabaja rápidamente: el terrible planchazo de De Jong a Xabi Alonso en la final del Mundial 2010 que España le ganó a Holanda inunda la memoria de todos los espectadores. La reacción de Federico Beligoy, el árbitro del partido local, fue la misma que la de Howard Webb en aquella final: casi con vergüenza levantó su mano derecha sosteniendo un infame cartón amarillo.
   
   Lo trágico del asunto es que, tanto en el match del mundial como en este más humilde del fútbol argentino, los jugadores lastimados eran los de los equipos que intentaban jugar. En otras palabras, los que procuraban ganar el partido atacando, jugando en equipo, asumiendo riesgos defensivos en pos de hacer lo más lindo que tiene este juego: goles. En ambas situaciones -y, lamentablemente, en muchas más-, la intervención del réferi fue para defender a los que hacían algo cada vez más frecuente en el fútbol: destruir. Lo que en estos casos hicieron los jueces fue, disfrazándose de abogados defensores, una auténtica absolución.
   
   Si los magistrados condenan a los perejiles que roban un par de manzanas y dejan libres a los capos mafiosos, difícilmente podamos vivir en una sociedad medianamente justa. Si los árbitros dejan seguir en las canchas a jugadores que pretenden la destrucción física de sus rivales y, como consecuencia, la eliminación del juego, parece poco probable que podamos disfrutar de un fútbol justo y bien jugado.

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