lunes, 19 de septiembre de 2011

¿Por qué nadie critica a Sabella?

La Selección Argentina empató 0 - 0 con Brasil en un mal partido el miércoles pasado. Jugó con cinco defensores y sólo dos jugadores de ataque. Sin embargo, sólo elogios para el técnico.


Por Darío Mizrahi  
El orden y el equilibrio defensivo desviven a Sabella.
¿De qué depende que a un técnico se lo critique o se lo elogie? Está claro que, muchas veces, de la relación que mantiene quien ocupa el cargo con el periodista que, según cada caso, es vocero del castigo o del alago. No obstante, haciendo abstracción de los ejemplos que incluyen a los profesionales espurios, tiene que haber otros motivos que determinen el juicio de valor. Y ahí es donde aparece eso llamado ideología.
           
   Pero ocurre que, en general, así como en la política, en el fútbol las ideologías escasean. Sin embargo, todos tienen cierto conjunto de valores e ideas más o menos contradictorios que los impulsan a gustar de algunas prácticas y discursos, y a rechazar otros. Cuando esas vagas sensaciones devienen dominantes, hablamos de sentido común.
           
   Ahora sí, volvamos a Alejandro Sabella. Su caso es particularmente interesante, ya que -a diferencia de algunos de los últimos técnicos de la selección- no se lo puede acusar de amiguismo con la prensa. Aún así, es alguien muy elogiado por el promedio de los periodistas, que alabaron especialmente los partidos de Argentina que lo tuvieron a su cargo.
       
   La hipótesis: probablemente lo desataquen tanto por esa aura de seriedad que -corresponde reconocerlo- merecidamente se supo ganar el ex técnico de Estudiantes. Lo cierto es que Sabella construyó una imagen -que, insisto, probablemente sea merecida, pero no por ello deja de ser una imagen- de hombre trabajador, cauto, que no deja nada librado al azar y a quien jamás se lo va a encontrar en un exabrupto. Entonces, una pregunta se impone: ¿por qué en este momento es tan felicitada esa seriedad? Porque el sentido común que rodea al fútbol llegó a la conclusión de que, con la eliminación en cuartos de final en la Copa América realizada en Argentina, el seleccionado tocó fondo. En consecuencia, un cambio rotundo se reclama.

   ¿Un cambio con respecto a qué? Al estilo y a los discursos de los últimos entrenadores que, más allá de sus notables diferencias en términos de idea de juego y en las maneras en que sus equipos efectivamente jugaron, estaban marcados con el sello de la desprolijidad. Tanto Alfio Basile, como Sergio Batista y -mucho más que los otros dos- Diego Maradona construyeron una imagen -en algún caso merecida, en otro injustificada- de falta de trabajo, informalidad y amiguismo.

   La realidad indica que, así como en determinadas ocasiones en política el sentido común pide a gritos un cambio de estilo -sin que importe demasiado lo que subyace a esos estilos-, ese mismo sentido común opera de forma asombrosamente similar en el fútbol. Y así como a la desfachatez y al despilfarro menemista la sucedió con amplio consenso la sobriedad y moribundés delarruista -a pesar de que la política económica y cultural era prácticamente la misma-, en esta etapa se impuso la pulcritud y el equilibrio sabellista.

   A todo esto, Sabella puso contra Brasil y de local un equipo marcadamente defensivo que, como lógica consecuencia de sus inexistentes posibilidades ofensivas, no atacó con claridad y se llevó un pobre 0 - 0, salvado únicamente por el todavía más apático partido de su rival. No obstante, sólo se llevó elogios. Si es defensivo o no, si tiene tal o cual idea de juego y, más aún, si de hecho juega bien, poco importa. Sabella es serio.      

lunes, 12 de septiembre de 2011

El imperante trabajo de hacer jugar bien a la Selección

La indisimulable vorágine de resultados y -por consiguiente- cambios de rumbo en la selección argentina ha sumado otro capitulo en su historia. El ciclo Alejandro Sabella, con los partidos ya disputados ante Venezuela y Nigeria, inició su curso con dos victorias en escenarios exóticos para el combinado local pero con una enorme obtención de billetes para las arcas de Viamonte.
El aprendiz de Passarella tiene espalda; vivió las eliminatorias y el mundial de Francia al lado del otrora técnico de la selección, y campeonó con Estudiantes de la Plata en su primera experiencia como técnico en la Copa Libertadores del 2009 y en el Torneo Apertura 2010. Nada menor es el mérito de haberle arrebatado por 85 minutos el título de Mundial de Clubes al Barcelona de Messi en Dubai aquella tarde de diciembre. ¿qué se remarca con todo esto? La Afa buscó un técnico con experiencia luego de los experimentos fallidos con Maradona y Batista.
Las convocatorias para el viaje a Calcuta y Bangladesh trajeron un aire de recambio a la golpeada celeste y blanca tras el fracaso en la última Copa América. Jugadores como Luis González, Ricky Álvarez más las vueltas de Demichelis y Otamendi empaparon de sorpresa a la opinión futbolera del país y, tras observar los dos partidos, dejaron una impresión buena.

El planteo indefectiblemente será 4-3-3 con Messi de punta, un nueve de área y un volante mixto (que haga la banda y haga jugar) más las futuras apariciones de Juan Román Riquelme y Verón dan cuenta de que el ex DT pincharrata planteará un equipo muy similar al de Alfio Basile en la Copa América del 2007 donde -según dicen- se vio a una Argentina con un gran volumen de juego. A su vez, y haciendo un juego -poco periodístico- de anticipación, se prevé que con Román y Juan Sebastián como ejes de juego, el peso en el armado de Lio disminuirá y se dedicará más a explotar en los últimos metros o obligará a llevar marcas para dejar libres a sus colegas en el ataque.
Párrafo aparte para la sorpresa más significativa de todas: la capitanía de Messi. Todo parece indicar que el flamante DT buscará llenar de confianza a Mejor jugador del mundo rodeandolo de buenos jugadores y, además, de su mejor socio en el ataque: Gonzalo Higuaín. De más está decir que el nuevo rol de Lío en el equipo dependerá pura y exclusivamente de cómo se lo rodee y es por eso que a Sabella se le abrirá un gran desafío de aquí a Brasil 2014.

Técnico destacado n°1

Por Victor Mansilla
Desde este lugar queremos resaltar la figura del técnico de Defensa y Justicia, por no recurrir al planteo mediocre que hacen la mayoría de los técnicos cuando se enfrentan a rivales en principio superiores.
Hay que recordar que este equipo venía de ganarle, primero, muy claramente a Chacarita por 3 a 0 (lo que no significa demasiado en sí teniendo en cuenta el nivel que viene mostrando el funebrero, y sobre todo sus defensores), y luego merecidamente a Desamparados de San Juan. En ambos partidos, así como también en el último contra River (hay que decirlo: el encuentro fue muy parejo, y el empate lo más justo), se notó la intención del equipo de ir al ataque; la de los jugadores, de tratar de dársela a un compañero e incluso permitirse algunos lujos; pero por sobre todo, la actitud de no especular cuando el resultado era favorable, incluso contra un rival como River, algo que muchas veces los equipos tienden a hacer hasta inconscientemente o por relajación al haber conseguido algún resultado.
Los jugadores ejecutan, mal o bien, pero el técnico es el que plantea la estrategia (si es que hay una) y ordena. Por eso el reconocimiento de Haga el Cambio es para Ricardo Rodríguez, quien además ya lo había advertido: "a River le vamos a jugar de igual a igual".
Le hacemos un lugarcito también en este cuadro al goleador del campeonato: Víctor Píriz Alvez, quién además fue el que le convirtió los dos goles al Millonario en la tarde del sábado.

Dejemos libre al fútbol, no a sus destructores

La pasividad de Beligoy ante la patada de Cantero a Erviti en el partido que Boca le ganó ayer  1 a 0 a San Martín de San Juan.


  Por Darío Mizrahi.
A pesar de las patadas, tanto Erviti como Xabi Alonso siguieron jugando.
Minuto 31 del primer tiempo. La pelota planea por la mitad de la cancha sin dueño aparente. La disputa es inminente: del lado del campo que está frente a La 12 viene corriendo, desenfrenado, Pablo Cantero, de San Martín de San Juan. Del lado que corresponde a los hinchas visitantes, más tímidamente se va acercando Walter Erviti, de Boca Juniors. El desenlace, que ya se sospechaba violento, supera las expectativas: los seis tapones del botín derecho del volante sanmartiniano se clavan en la boca del estómago del 11 xeneize. La asociación libre trabaja rápidamente: el terrible planchazo de De Jong a Xabi Alonso en la final del Mundial 2010 que España le ganó a Holanda inunda la memoria de todos los espectadores. La reacción de Federico Beligoy, el árbitro del partido local, fue la misma que la de Howard Webb en aquella final: casi con vergüenza levantó su mano derecha sosteniendo un infame cartón amarillo.
   
   Lo trágico del asunto es que, tanto en el match del mundial como en este más humilde del fútbol argentino, los jugadores lastimados eran los de los equipos que intentaban jugar. En otras palabras, los que procuraban ganar el partido atacando, jugando en equipo, asumiendo riesgos defensivos en pos de hacer lo más lindo que tiene este juego: goles. En ambas situaciones -y, lamentablemente, en muchas más-, la intervención del réferi fue para defender a los que hacían algo cada vez más frecuente en el fútbol: destruir. Lo que en estos casos hicieron los jueces fue, disfrazándose de abogados defensores, una auténtica absolución.
   
   Si los magistrados condenan a los perejiles que roban un par de manzanas y dejan libres a los capos mafiosos, difícilmente podamos vivir en una sociedad medianamente justa. Si los árbitros dejan seguir en las canchas a jugadores que pretenden la destrucción física de sus rivales y, como consecuencia, la eliminación del juego, parece poco probable que podamos disfrutar de un fútbol justo y bien jugado.