Entrevista a Sergio Araujo, jugador de Boca Juniors
“Mis padres no querían que fuera futbolista”
El delantero del campeón 2011 habló sobre su carrera y opinó sobre cómo ve el fútbol argentino
Por Francisco Guida
Pese a sus rasgos aniñados, Sergio Ezequiel Araujo –de 19 años- es parte del plantel profesional del Club Atlético Boca Juniors y desde hace dos años pasó de jugar en su categoría –sexta división- a entrenarse con los jugadores del plantel profesional. Hoy, a fuerza de partidos, conserva una experiencia muy destacable en el ámbito local y también con la selección argentina. Recibió a HAGAELCAMBIO en su hogar, situado en Palermo, donde vive con su familia.
La primera pregunta fue sobre qué significa para él compartir el vestuario de uno de los equipos más grandes del país: “Aún no caigo, es algo increíble. Van dos años de mi debut y todavía me sorprendo de compartir vestuario con grandes jugadores” aseguró el joven nacido en Villa Crespo. Sus comienzos fueron en el baby fútbol de Atlanta, club cercano a su hogar, donde jugó hasta los doce años. Sobre la historia de su llegada a Boca, Sergio contó que después de un partido, Ramón Maddoni –el descubridor de talentos de Boca Juniors- fue con su padre y le preguntó si quería una prueba. Cuenta además que al principio le costó adaptarse a las dimensiones de la cancha de once, ya que solamente se había desempeñado en las canchas chicas y no tenía ninguna experiencia anterior. “En mi primera práctica, me probé de enganche y rendí bien, entonces fue Maddoni quien inició los trámites correspondientes” recuerda. Sobre un repaso de sus momentos más preciados en el fútbol, respondió que “en mi primer partido jugamos contra Colón de Santa Fe y metí cuatro goles; después vinieron del diario Olé a hacerme un reportaje. Me puse muy nervioso”. Según él, jamás pensó que sería parte del fútbol, ya que tanto su madre, Mónica, como su padre Guillermo, lo incentivaban más para el lado del estudio que del deporte. “Mis padres no querían que fuera futbolista. Ellos preferían un abogado o que siguiera una carrera técnica”.
En 2010 vivió uno de sus días mas gloriosos: ingresó en el primer tiempo del partido que Boca disputó con Arsenal y marcó su primer gol en primera división. Ello le valió ganarse la titularidad en el final del campeonato –apertura 2010- en el que el Xeneize, que si bien no tenía chances de ganarlo, buscaba el plantel ideal para comenzar el año 2011.
Varios clubes de Europa han seguido sus pasos en el mundial. Equipos como el Real Madrid y el Chelsea ofertaron cifras millonarias para poder llevárselo. El entorno de la familia mantiene esta noticia como un secreto, pero el chico se encarga de aclarar que son “solo ofertas aisladas. Yo me quiero quedar acá porque quiero ganarme la titularidad en Boca”. Cuando se le preguntó sobre el principal motivo de una futura venta al exterior contestó, con gran sinceridad, “el dinero”.
Juega a la playstation seguido, pero mira mucho fútbol: “en Argentina se juega mal” y a su vez afirma el por qué; “Desde inferiores ya te hacen correr y correr. A la pelota la ves recién a los 10 días. Es un embole”.
“No se ha llegado todavía a concretar un buen nivel arbitral”
Por Víctor Mansilla y Darío Mizrahi.
El ex árbitro internacional, que dirigió en el mundial de Japón y Corea 2002 y actualmente se desempeña como columnista en el programa televisivo 90 Minutos de Fútbol, por Fox Sports, y en el diario La Nación, opnió sobre el nivel del arbitraje argentino, las dificultades que tiene dirigir en nuestro fútbol y el modo en que son vistos sus árbitros desde el exterior.
"Hay que tener paciencia con los árbitros jóvenes".
¿Cómo ve el nivel actual del arbitraje argentino?
El árbitro tiene que hacer cumplir las reglas del juego y, cuando esto no ocurre, puede ser que aparezcan situaciones en las que los árbitros deberían poner mayor énfasis en las decisiones que tienen que ver con el control del juego brusco y otro tipo de cuestiones, pero asentarse en un fútbol muy complejo y difícil lleva tiempo.Si bien no se ha llegado todavía a la posibilidad de concretar un buen nivel arbitral, hay que tener paciencia y esperar porque, salvo Héctor Baldassi, que se retira este año, hay árbitros nuevos, como es el caso de Germán Delfino, Fernando Echenique y Pablo Díaz, que están haciendo sus primeras armas en primera división. Hoy se está en una etapa regular, pero en crecimiento y con muy buenas expectativas para mejorar.
Para Sánchez el arbitraje argentino supera al europeo.
¿Y cómo cree que está parado el arbitraje argentino en relación al del resto del mundo?
El arbitraje argentino siempre ha estado en el primer nivel y, sin ninguna duda, esto tiene que ver con la complejidad que tiene nuestro fútbol. Siempre fue mucho más reconocido internacionalmente que a nivel local, y cuando vas a la frontera de Latinoamérica se ve claramente la capacidad arbitral argentina y de algunos países de Sudamérica con respecto al resto.
"El árbitro debe ser evaluado globalmente".
¿Cómo inciden los medios de comunicación sobre el nivel de los árbitros?
Los medios en general, sobre el tema del arbitraje, nos referimos a jugadas puntuales, no al arbitraje global, durante los 90 minutos. Por un lado, esto desnuda las falencias arbitrales, pero, por otro, ayudó mucho en el crecimiento del arbitraje. No nos olvidemos de que, años atrás, no se sabía si había offside o no porque había una sola cámara y los asistentes, casi con un ojo de águila, tenían que observar posiciones adelantadas o habilitar jugadas que están entre los diez y quince centímetros. Eso tiene que ver con la capacitación y con el esfuerzo cotidiano que ellos tienen, cosa que no todo el mundo sabe. Hoy se desnudan jugadas individuales y no el contexto de 90 minutos de arbitraje y eso no es bueno. Ahora, si se analiza el arbitraje global y la influencia de las decisiones sobre el resultado, sería más acorde a la realidad. Pero el árbitro siempre tiene que tener autocrítica porque forma parte de la actividad.
"Los argentinos somos maleducados y prepotentes".
¿Cuál es su postura respecto de la aparente falta de respecto a la autoridad arbitral por parte de los jugadores argentinos?
El jugador de fútbol es una persona que realiza una actividad dentro de un campo de juego y expuesto ante infinidad de cámaras, pero que no difiere mucho a lo que somos los argentinos como tales. O sea, el argentino, hoy en día, es prepotente, mal educado y violento en muchísimos aspectos en la vida cotidiana. Cuando eso ocurre en el fútbol, ante tantas cámaras, queda mucho más expuesto y parece algo inusual, pero tiene que ver con nuestra forma de ser y nuestro comportamiento.
Haga el cambio estuvo el pasado miércoles 23 de noviembre en la intimidad de la práctica del puntero del campeonato y te cuenta cuál es el secreto de este equipo que, salvo una debacle, ganará el torneo.
Por Francisco Guida y Darío Mizrahi.
Lejos de aquella versión del Clausura 2011, que lo depositó en un séptimo puesto plagado de dudas sobre la continuidad de su técnico, Julio César Falcioni, Boca Juniors disfruta hoy del liderazgo del Torneo Apertura y, a cinco fechas del final, comienza a refregarse las manos mirando el título.
Todos hablan del Boca del emperador Julio César. Orden táctico, sacrificio y algunas pinceladas de buen juego en varios pasajes de los partidos, componen los motivos que lo catapultan a quedarse con el campeonato casi de manera anticipada, en caso de no haber una catástrofe digna de una película de ciencia ficción.
Entonces, Haga el cambio asistió al entrenamiento del pasado miércoles para entender un poco el por qué del fenomeno Xeneize, un equipo que no brilla con su juego, pero que es ampliamente efectivo. La primera parte de la práctica constó de unos ejercicios libres con pelota para poder descontracturar los músculos tras cinco vueltas a la cancha auxiliar, situada detrás de La Bombonera. Tras un breve descanso para refrescarse -ya que hacía 30 grados a las 11 de la mañana-, nueve jugadores de campo del equipo titular se dispusieron a hacer un ejercicio de presión y rotación con pelota, mientras que el otro pelotón de jugadores -compuesto mayoritariamente por suplentes y juveniles- empezaron a jugar un fútbol reducido en otro sector del campo.
Para la alineación titular, el trabajo con pelota consistía en enfrentar a cuatro jugadores de marca contra tres que tenían la pelota dentro de un cuadrado. Estos últimos debían asegurar la tenencia del balón y desmarcarse, ya que estaban en inferioridad numérica. En un costado, el preparador físico, Gustavo Otero, el ayudante de campo, Javier Sanguinetti, y Falcioni observaban qué sucedía y anotaban los movimientos de cada jugador. “Vamos a darle intensidad” gritaba el técnico. En el fútbol de hoy, la presión constante y el desmarque -algo difícil de conseguir- son claves tanto para recuperar el balón como para jugar bajo la marca intensa que proponen los rivales. Ésa es la diferencia que marca Boca: un equipo que presiona, recupera e intenta jugar bajo un orden ya establecido: toque, rotación y finalización de la jugada de manera tal que participen los delanteros. Tras terminar los titulares, siguió el resto.
Falcioni está siempre encima de sus jugadores.
Luego del exhaustivo ejercicio y del fútbol reducido -ambas tareas con pelota- el plantel entero se dispuso a jugar un partido de 12 vs 12, donde ahí se pudo ver y notar la armonía que existe entre todos. Risas, chistes y cargadas de todos los gustos (más alguna que otra maldad) se mezclaron con las muestras de buen juego y de calidad que poseen varios de los virtuosos jugadores del plantel.
La cocina del potencial campeón 2011 del Apertura está en orden: lleva ocho puntos de ventaja cuando quedan doce por jugar, no pierde hace 26 fechas y sólo recibió tres goles -récord total- en todo el torneo. El secreto: por más que suene superfluo, el plantel está muy unido -algo que antes no pasaba- y tanto los jugadores como el cuerpo técnico apuntan en conjunto al objetivo: levantar el trofeo y jugar la Copa Libertadores, a la no clasifica desde hace tres años. Para ello trabajan.
Entre todas las discusiones que genera el pobre desempeño actual de la Selección Argentina está la de la los jugadores locales y los que juegan afuera del país. Se hacen programas enteros para discutir si es necesario formar una selección con jugadores “de acá”, o “que sean 15 o 16 de acá con los mejores tres o cuatro de allá”. Entre tanta discusión y tan poco argumento se termina cayendo en un desorden; creando un misticismo alrededor del tema y se pierde de vista que la única diferencia en principio es que el jugador compite en otro lado (signifique eso mucho o poco).
No es necesario aclarar que el futbol europeo es mejor que el sudamericano, y ni hablar del argentino. No lo digo sólo desde el gusto personal, y ni por asomo desde un deslumbramiento por lo europeo: Se invierte más plata, lo que significa mejores sueldos. Sumado a la posibilidad de jugar con mejores, a la idea de que jugar en Europa es triunfar; y triunfar en Europa es marcar el cemento de la historia, termina siendo tentador para cualquier jugador. Y nadie va a discutir que el que tiene la plata trata de comprar lo mejor.
Algunos se van porque tienen representantes hábiles; otros porque son realmente buenos. De cualquier manera, llegado el caso se ve a quiénes le queda grande, y quienes están a la altura.
Aquellos que forman parte de los equipos importantes (pongamos los que juegan copas) y consiguen un lugar como titulares, ya tienen dos cosas: primero continuidad, y segundo un acostumbramiento físico y mental a la alta competencia.
Esa es la única ventaja que tienen los jugadores “de allá”. De cualquier manera, estamos de acuerdo que es algo que no asegura nada; no hay garantías en el futbol. Pero más allá del azar y la técnica (que es lo más evidente), es importante tener en cuenta las circunstancias que rodean a los jugadores a la hora de elegir. El nivel de exigencia en el ámbito local es tan inferior al de las selecciones nacionales, que hace muy difícil comparar a los jugadores. Con los que se fueron “ya se sabe”, con los que juegan acá todavía no.
Para saber a cuál es mejor entre dos hay que probar.
Pero en el fondo de todo, la discusión no debería ser elegir entre los de acá y los de allá, sino ver individualmente quién es el más indicado para conseguir lo que se busca; el problema es que no sabemos lo que queremos.
martes, 15 de noviembre de 2011
El paradigma Ferguson: un dominio de hierro
Por Francisco Guida
El Manchester United ostenta un caso -casi- inédito en lo que respecta a los miles de récords contendientes al fútbol mundial: posee hace exactamente 25 años al mismo director técnico. Sir Álex Ferguson, el escocés de cara roja y masticador de un infinito chicle de menta, desde aquel primer partido ante el Queens Park en la temporada 86-87 hasta el último contra Sunderland por la Premier, se ha mantenido en el cargo y parece querer extender aún más su legado.
Soy un sobreviviente". Así se manifestó cuando le pidieron sensaciones tras ser premiado por la Federación Estadística de Fútbol (IFFHS) como el Mejor técnico de la historia el año pasado. Tanto la experiencia y su sapiencia lo fueron mutando tanto desde lo futbolístico como en lo profesional. Tal es así, que en la actualidad ocupa un rol mucho más envolvente que el de director técnico. Con casi 70 años, es casi un mánager deportivo. Ha perdurado durante décadas en un cargo en el que todos -aunque hasta a veces ninguno- quisieran estar. La clave, según dijo socarronamente, roza la polémica: "lo que me ayudó a seguir fue no leer la prensa".
En lo estadístico ha dirigido 1130 partidos, con 654 victorias, 265 empates y 211 derrotas, convirtiendo más de dos mil goles a favor. Su exitoso palmarés engloba varias Premier League, FA Cup, Champions League y otras tantas batallas épicas ganadas sin títulos en juego. Aunque, por otro lado, su continuidad se debió en la década de los 90 a la casualidad. Nadie mejor que él lo hubiese descripto, ya que en 1989 -tras tres temporadas sin ningún título- estuvo a punto de ser echado por la directiva. Su estilo y disciplina profesional y el apoyo por parte de un sector de la dirigencia, sumado al de su ayudante Archie Knox, lo salvaron. La primer corona inglesa con el club vendría tiempo después, en el 1990.
Su metódica forma de trabajo y constante estudio del fútbol lo ha llevado de a poco a mejorar para así empezar a obtener resultados y, a consecuencia de ésto, por mas que suene polémico, continuar. Más allá de su estilo de juego, que fue tranformándose en paralelo a lo que es el actual fútbol inglés, siempre supo reinventarse para no quedar en la simple (y tan complicada) función de entrenador. Decenas de opinólogos de fútbol en Inglaterra coinciden en que existe "un Ferguson detrás de otro Ferguson". Para graficar esto, existe una anécdota, contada por él mismo, que pinta la analogía de pies a cabeza:
"Para evitar otro caso George Best en el club, ordené que el club administrase parte de los ingresos de Ryan (Giggs). No podía dejar desperdiciar a un talento así. Sentí la necesidad aconsejarlo y ayudarlo"
Además del interminable galés número 11, bajo su ala han pasado otros enormes jugadores enormes de nivel mundial como Wayne Rooney,Beckham, Cantoná,los hermanos Neville, Cristiano Ronaldo,Paul Scholes y Roy Keane. En sintonía, todos -según sus mismas palabras- afirman haber obtenido al menos un aprendizaje, un concepto un reto que los han marcado en sus vidas de futbolistas.
No caben dudas que la figura de Ferguson resalta por su extensa vida dedicada al deporte y su temperamento disciplinado, trabajador y superador. Sus ideas y conceptos de juego, no siempre aceptadas por todos, quedarán supeditadas en sus sucesores, quienes ya comenzarán a ser buscados por la plana directiva del Manchester United. Por más de que nada sea imposible, aunque teniendo en cuenta en el contexto de cómo se vive el fútbol en todo el mundo, con técnicos despedidos de un momento a otro, todo parece establecer que el escocés de cara roja e interminable chicle de menta, será un caso inédito en estos tiempos y su mandato de enorme plazo, quedará como una rareza admirable.
“Desde hace más de treinta años, el mensaje futbolístico que se instaló fue que lo único que importaba era ganar”
En una entrevista concedida exclusivamente para nuestro blog, el ex arquero y actual periodista radial y televisivo habló de todo: la degradación del fútbol argentino, el caso River Plate y el corrompido rol del periodismo deportivo en la actualidad.
Por Francisco Guida, Víctor Mansilla y Darío Mizrahi.
Los entrenadores en la Argentina se han convencido de que el futbol es roce, choque, lucha, contagio, actitud; algo mal llamado “huevos”, y han dejado de obligar, de exponer, de arriesgar, de fundamentar por qué este juego se convirtió en el más hermoso a nivel global y por qué provoca lo que provoca. En Argentina hace mucho tiempo que eso está perdido y un fiel reflejo de esto es su selección. Hace más de treinta años, el mensaje que se instaló fue que no importaba cómo, que lo único que importaba era ganar. Yo me pregunto hoy por qué se preguntan si se juega mal, por qué se aburren, si fueron aquellos quienes pusieron ese mensaje; los que lo continuaron, los que siguieron, los que lo avalaron. Hoy, se tienen que hacer cargo de ver este futbol asqueroso que hay…
Lo que decís es que desde el periodismo se contribuye…
Absolutamente, el periodismo es socio absoluto del negocio. Tal es así, que interviene directamente desde el mensaje en el convencimiento. ¿Por qué crees que Futbol de Primera logró lo que logró? ¿Por qué crees que una radio como La Red hoy es otra cosa, cuando los primeros 5 o 7 años era futbol desde seis de la mañana hasta las tres de la mañana? La desculturización a la que fuimos sometidos en la Argentina fue impresionante. Hubo un plan de destrucción total que tiene que ver con el negocio. El negocio te dio dos campeonatos, como no alcanzaron, no solo ya te daban la Copa Libertadores; como no alcanzaba te dieron la Sudamericana; como no alcanzaba te dieron la Recopa; como no alcanzaba inventaron una Suruga Bank y así… Entonces es sangre, sangre y sangre. Decime cuántos fueron los periodistas que se animaron desde adentro a hacerse preguntas, a plantearse cosas, a responder esto que yo estoy cuestionando. Entonces en estos lugares, definitivamente, tenés hasta grandes contradicciones, porque periodistas como Victor Hugo, que no estuvieron nunca dentro de ese esquema, avalaron a tramposos como Bilardo. Entonces ahí es dónde se plantea definitivamente que el periodismo tiene una influencia clave, total. Hoy preguntale a un hincha qué prefiere, tener un club o que su equipo salga campeón, y te va a decir "no me importa el club, quiero a mi equipo campeón".
¿Se podría establecer una relación entre el deterioro del futbol que fue sufriendo en los últimos años y las transformaciones sociales, económicas, culturales que fue sufriendo la Argentina en las últimas décadas?
Yo creo que en parte se puede emparentar, sin duda. El fútbol argentino en el 92 selló su contrato con Torneos… en el 90 ya había dado un amago, en el 90 el menemismo arrasó con todo aquello que en la Argentina estaba instalado y todavía se podía llegar a defender. Ahora, lo arrasó sostenido desde algún lugar, porque no es que bajaron de un planeta, nos amenazaron a todos, nos obligaron y nos sometieron a esto. Y así fue cada cosa, paulatina, tranquila… hasta que llegó el momento de la desesperación. Si vos esto lo trasladás con el futbol, te vas a dar cuenta que por ejemplo River, con toda la locura, con todo el afano, intentó sostener lo que en River también era una característica: que era ese club que no solo era futbol. River hoy sigue teniendo las setenta actividades; tiene una pileta en la cual se entrenan los competidores olímpicos argentinos, un estacionamiento para más de cinco mil autos y más de cincuenta mil socios. Entonces cuando vos te planteás esto, decís hoy River no tiene el futbol en la A, pero sigue siendo River. Independiente está en la A, pero no es más Independiente. En el cuarto piso de Independiente estaba la biblioteca más importante de la provincia de Buenos Aires; hoy en el cuarto piso hay una parrilla que usa la barra brava. A mí me parece que por eso vemos lo que vemos y por eso tenemos los periodistas que tenemos, y por eso tenemos los voceros que tenemos. No puede ser que ante la alternativa de un cambio en la AFA, el primero que pida a gritos el cambio es un tipo como Vila, que si lo dejás monopoliza los medios del país; y no puede ser que los voceros de ese personaje sean los que fueron, ¿quién va a ir a una revolución detrás de esos? Y cuando el negocio se come todo no va por un hecho deportivo, no va por el placer de la gente, no va porque el espectáculo crezca, no va porque la familia vaya a la cancha, va por otro negocio. A tal punto que se dice que, "Futbol para Todos", hoy ya es socio de Torneos (y Competencias) y va a terminar el año que viene correspondiendo en ser el que maneje todo el Futbol para Todos. Se vuelve al negocio.
Y con respecto a esto que decías de River por ejemplo, sobre todo viendo la recaudación que tiene con los partidos solamente, llama la atención que no puedan mantener los jugadores, que tengan deudas como las que tienen Boca, River, Independiente...
Hay un desfasaje muy grande entre la entrada y la salida; eso no está controlado. Si vos tenés seis jugadores que ganan 800mil dólares al año no hay presupuesto que te alcance. Ahora si vos no pagás 800mil dólares al año y no tenés esos seis jugadores, es muy factible que te vayas al descenso y eso, en la Argentina, es suicidio colectivo. Vos me podrás decir “River se fue al descenso y no fue suicidio colectivo”, pero River va mucho más allá de eso. Fijate lo que le costó a Racing volver; San Lorenzo volvió al otro año, pero mirá lo que le costó: perdió hasta la cancha. Entonces hay que tener mucho cuidado con eso, porque los presupuestos que se manejan en la Argentina podrían llegar a ser cercanos a los que se manejan hoy, lo que pasa es que no puede estar el despilfarro; cuando digo despilfarro encomillá afano. Entonces como no hay controles la realidad es que vos ves un fútbol cada vez más pobre, periodistas socios del negocio cada vez más ricos, y empresarios que hoy junto a sindicalistas y políticos se van a terminar quedando con los clubes.
Para concluir te quería preguntar si pensás que desde el periodismo se puede contribuir a una mejor calidad del fútbol.
Sí, se puede. Siempre se puede hacer algo. Si la premisa básica del periodismo es informar, y muy lejanamente entretener, el periodismo que está en el deporte y en este caso desde el deporte en el fútbol, el entretenimiento lo tiene que dejar de lado, porque el entretenimiento es el partido.
La relación que tienen los barras con los dirigentes, y a su vez los dirigentes con la política ¿vos pensás que hay alguna manera de sacar a los barras de los clubes?
Acabás de poner la palabra “política”, para sacar a los barras tiene que haber una decisión política. Si las políticas están socias de los barras, difícilmente haya una decisión política; caminan juntos…
Argentina perdió con Venezuela. Fuente: La Capital..
“Basta con esto de que hay que ganar o ganar, porque es una gran tontería. La selección es frágil en sus convicciones”. La brillante sentencia fue pronunciada por César Luis Menotti en una imperdible entrevista en ESPN Radio. El técnico campeón del Mundial 78 sintetizó así la principal falacia con la que se pretende resolver el problema argentino y la verdadera causa profunda de la crisis. A continuación, los diez engaños más frecuentes en torno a la selección:
1. El principal problema es la defensa. No sólo lo plantea parte importante del periodismo y de los hombres de a pie, sino que el proprio técnico, Alejandro Sabella, aseguró que lo primero era ordenar la defensa. Esa hipótesis es fácilmente desechable: durante la reciente Copa América la selección defendió muy mal, pero los peores papelones fueron dos: haber empatado 1 a 1 con Bolivia en el primer partido, y no haberle podido ganar a Uruguay en cuartos de final, habiendo jugado más de la mitad del encuentro con un jugador más. En ambos casos, lo que se evidencia es un serio problema en el ataque, y no por falta de delanteros, sino por ausencia de juego.
2. Entonces, hay que poner cinco defensores. Se deriva directamente de la falacia anterior: como se defiende mal, hay que poner muchos defensores. Error. Como lo atestiguó el pasado partido contra Venezuela, donde Argentina jugó con cinco en el fondo, acumular destructores de juego no garantiza destruirlo. La buena defensa se construye a partir de los buenos movimientos: relevos, anticipos y correcta cobertura del campo.
3. Hay que adaptarse al rival. En la misma línea que lo anterior: para protegernos defensivamente, cambiamos la manera de jugar según quién sea el oponente. El partido contra Venezuela llevó esa máxima al extremo: Argentina cambió jugadores y estrategia para enfrentar a un equipo ostensiblemente inferior. Resultado: el equipo no sabe a qué juega porque cambia todo el tiempo de estilos y de jugadores y éste es el principal problema, la falta de identidad del equipo. Los mejores del mundo (España y Barcelona) ponen siempre el mismo equipo y nunca cambian la idea: son identidad pura.
Menotti reclamó identidad. Fuente: La Nación.
4. Necesitamos un técnico que trabaje. Es decir, un obsesivo que esté atento al más mínimo detalle. ¿Para qué? Para descubrir los puntos débiles del rival y contrarrestar sus fortalezas. Es decir, profundizar la falacia anterior.
5. Los jugadores no se entrenan lo suficiente. En consecuencia, los cuatro o cinco días que pasan en Argentina antes de los partidos de eliminatorias tienen que estar internados entrenándose. Ahora, ¿qué trabajo intensivo puede hacerse con tan pocos días de prácticas y con meses de intervalo? El entrenamiento lo tienen en sus clubes. En la selección, el trabajo sólo puede ser de convencimiento mental. Hay que trabajar sobre las convicciones.
6. “Me conformo con ganar medio a cero”. Como corolario de los puntos anteriores llega la sentencia de Sabella, una obviedad que no dice nada, o nada productivo. Que se pretende ganar, no es necesario aclararlo. Y que es preferible ganar medio a cero por sobre empatar, tampoco. Pero si la conformidad pasa por ahí, estamos en problemas. No sólo porque Argentina debería apuntar un poco más alto contra Venezuela, sino porque el técnico no tiene que decir que pretende ganar, sino cómo hacer para ganar.
7. Hay que jugar con los de acá. Entonces, lo importante no sería si los jugadores son buenos o malos, complementarios o no, técnicos o físicos; no, quienes juegan en el exterior lo hacen mal porque “no sienten la camiseta”. En cambio, los jugadores del fútbol local -que sólo piensan en irse rápido del país- sí tienen identidad patria. La identidad no tiene que ser patria, sino futbolística, y jugadores de esos hay acá y allá.
8. Messi. Sintéticamente, sería un problema porque no es capaz él solo de hacer ganar al equipo. No es necesario argüir demasiado para desarmar ese pseudo-argumento. Messi es siempre el mejor jugador de la selección, pero no puede hacer todo. Necesita que otros destruyan y construyan juego para que él, como en el Barcelona, moviéndose por toda la cancha, esté liberado de responsabilidades y pueda hacer lo suyo: goles y asistencias.
9. Tiene que haber una renovación. Como hace mucho que no se gana nada, es necesario convocar nuevos jugadores. Puede ser, pero ni son el problema los jugadores con experiencia en la selección, ni serán la solución los inexpertos por el solo hecho de serlo. Si no, miremos la realidad reciente: Juan Román Riquelme tiene muchos partidos con la selección y 33 años. José Sosa casi no jugó y tiene 26 años. Después de lo hecho por Sosa en estos partidos de eliminatorias -y durante toda su carrera- y comparándolo con lo hecho por Riquelme, ¿tiene algún sentido ese planteo?
10. Argentina no necesita un 10. O, lo que es lo mismo, el 10 de Argentina tiene que ser Messi. Nos guste o no, a excepción de los partidos que juegue contra Brasil de visitante, en el resto, sin importar cancha o rival, a la Selección los rivales le van a entregar la pelota y la iniciativa. Con lo cual, tenemos que ser conscientes de que Argentina va a tener que saber manejar la pelota y muy bien. Así, los 4-4-2 y los 5-3-2, que tan bien pueden andar para Estudiantes o para Banfield, a Argentina difícilmente le sirvan. En conclusión, es necesario un 10, un conductor, y Messi -indiscutiblemente el mejor jugador del mundo- no lo es. Si no les gusta Riquelme -sin dudas el mejor en la materia-, prueben con lo que hay: Javier Pastore, Andrés D’alessandro o Pablo Aimar. Pero mientras sigamos sin 10, vamos a seguir cayendo en estas 10 falacias.
Para todos los medios y sus periodistas, el actual éxito de Boca en el campeonato se debe a Juan Román Riquelme. Ellos mismos, algunos meses atrás, le echaban la culpa de los malos resultados.
Por Darío Mizrahi.
Riquelme es mostrado como héroe por el periodismo. Antes, era un villano.
Juan Román Riquelme fue la tapa de todos los diarios argentinos del pasado lunes 3 de octubre de 2011. Deportivos y políticos, populares y aristocráticos, todos lo vienen ubicando en sus portadas semana a semana. El motivo: como desde hacía muchos[1]torneos no ocurría, Boca está primero, todo indica que va a terminar campeón y es necesario atribuirle una razón a este suceso. Entonces, aparece Riquelme.
Leyendo los periódicos de estos días daría la sensación de que Román es un líder intachable: es el mejor jugador, conduce y ordena a sus compañeros durante el partido y, como si fuera poco, es quien manda y marca el rumbo fuera de la cancha. En una palabra, es el jugador que todos quisieran tener.
Sin embargo, basta levantar del piso los diarios sucios sobre los que el perro hace lo suyo para notar que, hace sólo unos meses, los mismos diarios y sus mismos periodistas decían exactamente lo opuesto de Riquelme: que era un jugador retirado, que ningún compañero lo quería y, por sobre todas las cosas, que era un líder negativo por lo conflictivo que era en el vestuario.
Claro, en ese momento, Boca naufragaba por mitad de tabla, Román se lesionaba bastante más que ahora y, fundamentalmente, había otro polo en torno al cual plantear una cómoda dicotomía: Martín Palermo. Desaparecidos esos tres puntos, el relato se transformó radicalmente. Ahora bien, ¿Riquelme jugaba realmente peor antes y, en este campeonato, lo hace mucho mejor?
Lo que se ve con este caso, como en tantos otros, es que, salvando a algunos pocos periodistas que se mueven según su ideología y opinan de acuerdo a lo que su clara definición de lo bueno y lo malo en el fútbol les indica, la(s) mayoría(s) se mueve(n) siguiendo los vaivenes del barco. Es decir, dando en cada caso la respuesta más fácil y espectacular, sin pretender la comprensión de nada en profundidad. Siempre atentos a construir relatos épicos de oscuros y tenaces enfrentamientos -como antes- o de grandes héroes -como ahora. En definitiva, que pretenden sólo entretener a un público al que se lo subestima demasiado. Probablemente, porque lo construyen a su imagen y semejanza. Mientras tanto, quienes queremos disfrutar del fútbol tenemos la suerte de vibrar -ahora y siempre- con Riquelme.
[1] Para el fútbol contemporáneo en Argentina, cinco torneos sin ser campeón es muchotiempo para un equipo como Boca: poderoso y, sobre todo, con demasiados hinchas, a los que hay que tener contentos.
La Selección Argentina empató 0 - 0 con Brasil en un mal partido el miércoles pasado. Jugó con cinco defensores y sólo dos jugadores de ataque. Sin embargo, sólo elogios para el técnico.
Por Darío Mizrahi
El orden y el equilibrio defensivo desviven a Sabella.
¿De qué depende que a un técnico se lo critique o se lo elogie? Está claro que, muchas veces, de la relación que mantiene quien ocupa el cargo con el periodista que, según cada caso, es vocero del castigo o del alago. No obstante, haciendo abstracción de los ejemplos que incluyen a los profesionales espurios, tiene que haber otros motivos que determinen el juicio de valor. Y ahí es donde aparece eso llamado ideología.
Pero ocurre que, en general, así como en la política, en el fútbol las ideologías escasean. Sin embargo, todos tienen cierto conjunto de valores e ideas más o menos contradictorios que los impulsan a gustar de algunas prácticas y discursos, y a rechazar otros. Cuando esas vagas sensaciones devienen dominantes, hablamos de sentido común.
Ahora sí, volvamos a Alejandro Sabella. Su caso es particularmente interesante, ya que -a diferencia de algunos de los últimos técnicos de la selección- no se lo puede acusar de amiguismo con la prensa. Aún así, es alguien muy elogiado por el promedio de los periodistas, que alabaron especialmente los partidos de Argentina que lo tuvieron a su cargo.
La hipótesis: probablemente lo desataquen tanto por esa aura de seriedad que -corresponde reconocerlo- merecidamente se supo ganar el ex técnico de Estudiantes. Lo cierto es que Sabella construyó una imagen -que, insisto, probablemente sea merecida, pero no por ello deja de ser una imagen- de hombre trabajador, cauto, que no deja nada librado al azar y a quien jamás se lo va a encontrar en un exabrupto. Entonces, una pregunta se impone: ¿por qué en este momento es tan felicitada esa seriedad? Porque el sentido común que rodea al fútbol llegó a la conclusión de que, con la eliminación en cuartos de final en la Copa América realizada en Argentina, el seleccionado tocó fondo. En consecuencia, un cambio rotundo se reclama.
¿Un cambio con respecto a qué? Al estilo y a los discursos de los últimos entrenadores que, más allá de sus notables diferencias en términos de idea de juego y en las maneras en que sus equipos efectivamente jugaron, estaban marcados con el sello de la desprolijidad. Tanto Alfio Basile, como Sergio Batista y -mucho más que los otros dos- Diego Maradona construyeron una imagen -en algún caso merecida, en otro injustificada- de falta de trabajo, informalidad y amiguismo.
La realidad indica que, así como en determinadas ocasiones en política el sentido común pide a gritos un cambio de estilo -sin que importe demasiado lo que subyace a esos estilos-, ese mismo sentido común opera de forma asombrosamente similar en el fútbol. Y así como a la desfachatez y al despilfarro menemista la sucedió con amplio consenso la sobriedad y moribundésdelarruista -a pesar de que la política económica y cultural era prácticamente la misma-, en esta etapa se impuso la pulcritud y el equilibrio sabellista.
A todo esto, Sabella puso contra Brasil y de local un equipo marcadamente defensivo que, como lógica consecuencia de sus inexistentes posibilidades ofensivas, no atacó con claridad y se llevó un pobre 0 - 0, salvado únicamente por el todavía más apático partido de su rival. No obstante, sólo se llevó elogios. Si es defensivo o no, si tiene tal o cual idea de juego y, más aún, si de hecho juega bien, poco importa. Sabella es serio.
La indisimulable vorágine de resultados y -por consiguiente- cambios de rumbo en la selección argentina ha sumado otro capitulo en su historia. El ciclo Alejandro Sabella, con los partidos ya disputados ante Venezuela y Nigeria, inició su curso con dos victorias en escenarios exóticos para el combinado local pero con una enorme obtención de billetes para las arcas de Viamonte.
El aprendiz de Passarella tiene espalda; vivió las eliminatorias y el mundial de Francia al lado del otrora técnico de la selección, y campeonó con Estudiantes de la Plata en su primera experiencia como técnico en la Copa Libertadores del 2009 y en el Torneo Apertura 2010. Nada menor es el mérito de haberle arrebatado por 85 minutos el título de Mundial de Clubes al Barcelona de Messi en Dubai aquella tarde de diciembre. ¿qué se remarca con todo esto? La Afa buscó un técnico con experiencia luego de los experimentos fallidos con Maradona y Batista.
Las convocatorias para el viaje a Calcuta y Bangladesh trajeron un aire de recambio a la golpeada celeste y blanca tras el fracaso en la última Copa América. Jugadores como Luis González, Ricky Álvarez más las vueltas de Demichelis y Otamendi empaparon de sorpresa a la opinión futbolera del país y, tras observar los dos partidos, dejaron una impresión buena.
El planteo indefectiblemente será 4-3-3 con Messi de punta, un nueve de área y un volante mixto (que haga la banda y haga jugar) más las futuras apariciones de Juan Román Riquelme y Verón dan cuenta de que el ex DT pincharrata planteará un equipo muy similar al de Alfio Basile en la Copa América del 2007 donde -según dicen- se vio a una Argentina con un gran volumen de juego. A su vez, y haciendo un juego -poco periodístico- de anticipación, se prevé que con Román y Juan Sebastián como ejes de juego, el peso en el armado de Lio disminuirá y se dedicará más a explotar en los últimos metros o obligará a llevar marcas para dejar libres a sus colegas en el ataque.
Párrafo aparte para la sorpresa más significativa de todas: la capitanía de Messi. Todo parece indicar que el flamante DT buscará llenar de confianza a Mejor jugador del mundo rodeandolo de buenos jugadores y, además, de su mejor socio en el ataque: Gonzalo Higuaín. De más está decir que el nuevo rol de Lío en el equipo dependerá pura y exclusivamente de cómo se lo rodee y es por eso que a Sabella se le abrirá un gran desafío de aquí a Brasil 2014.
Por Victor Mansilla Desde este lugar queremos resaltar la figura del técnico de Defensa y Justicia, por no recurrir al planteo mediocre que hacen la mayoría de los técnicos cuando se enfrentan a rivales en principio superiores.
Hay que recordar que este equipo venía de ganarle, primero, muy claramente a Chacarita por 3 a 0 (lo que no significa demasiado en sí teniendo en cuenta el nivel que viene mostrando el funebrero, y sobre todo sus defensores),y luego merecidamente a Desamparados de San Juan. En ambos partidos, así como también en el último contra River (hay que decirlo: el encuentro fue muy parejo, y el empate lo más justo), se notó la intención del equipo de ir al ataque; la de los jugadores, de tratar de dársela a un compañero e incluso permitirse algunos lujos; pero por sobre todo, la actitud de no especular cuando el resultado era favorable, incluso contra un rival como River, algo que muchas veces los equipos tienden a hacer hasta inconscientemente o por relajación al haber conseguido algún resultado.
Los jugadores ejecutan, mal o bien, pero el técnico es el que plantea la estrategia (si es que hay una) y ordena. Por eso el reconocimiento de Haga el Cambio es para Ricardo Rodríguez, quien además ya lo había advertido: "a River le vamos a jugar de igual a igual".
Le hacemos un lugarcito también en este cuadro al goleador del campeonato: Víctor Píriz Alvez, quién además fue el que le convirtió los dos goles al Millonario en la tarde del sábado.
La pasividad de Beligoy ante la patada de Cantero a Erviti en el partido que Boca le ganó ayer 1 a 0 a San Martín de San Juan.
Por Darío Mizrahi.
A pesar de las patadas, tanto Erviti como Xabi Alonso siguieron jugando.
Minuto 31 del primer tiempo. La pelota planea por la mitad de la cancha sin dueño aparente. La disputa es inminente: del lado del campo que está frente a La 12 viene corriendo, desenfrenado, PabloCantero, de San Martín de San Juan. Del lado que corresponde a los hinchas visitantes, más tímidamente se va acercando Walter Erviti, de Boca Juniors. El desenlace, que ya se sospechaba violento, supera las expectativas: los seis tapones del botín derecho del volante sanmartiniano se clavan en la boca del estómago del 11 xeneize. La asociación libre trabaja rápidamente: el terrible planchazo de De Jong a Xabi Alonso en la final del Mundial 2010 que España le ganó a Holanda inunda la memoria de todos los espectadores. La reacción de Federico Beligoy, el árbitro del partido local, fue la misma que la de Howard Webb en aquella final: casi con vergüenza levantó su mano derecha sosteniendo un infame cartón amarillo.
Lo trágico del asunto es que, tanto en el match del mundial como en este más humilde del fútbol argentino, los jugadores lastimados eran los de los equipos que intentaban jugar. En otras palabras, los que procuraban ganar el partido atacando, jugando en equipo, asumiendo riesgos defensivos en pos de hacer lo más lindo que tiene este juego: goles. En ambas situaciones -y, lamentablemente, en muchas más-, la intervención del réferi fue para defender a los que hacían algo cada vez más frecuente en el fútbol: destruir. Lo que en estos casos hicieron los jueces fue, disfrazándose de abogados defensores, una auténtica absolución.