Por Darío Mizrahi.
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| Riquelme es mostrado como héroe por el periodismo. Antes, era un villano. |
Juan Román Riquelme fue la tapa de todos los diarios argentinos del pasado lunes 3 de octubre de 2011. Deportivos y políticos, populares y aristocráticos, todos lo vienen ubicando en sus portadas semana a semana. El motivo: como desde hacía muchos[1] torneos no ocurría, Boca está primero, todo indica que va a terminar campeón y es necesario atribuirle una razón a este suceso. Entonces, aparece Riquelme.
Leyendo los periódicos de estos días daría la sensación de que Román es un líder intachable: es el mejor jugador, conduce y ordena a sus compañeros durante el partido y, como si fuera poco, es quien manda y marca el rumbo fuera de la cancha. En una palabra, es el jugador que todos quisieran tener.
Sin embargo, basta levantar del piso los diarios sucios sobre los que el perro hace lo suyo para notar que, hace sólo unos meses, los mismos diarios y sus mismos periodistas decían exactamente lo opuesto de Riquelme: que era un jugador retirado, que ningún compañero lo quería y, por sobre todas las cosas, que era un líder negativo por lo conflictivo que era en el vestuario.
Claro, en ese momento, Boca naufragaba por mitad de tabla, Román se lesionaba bastante más que ahora y, fundamentalmente, había otro polo en torno al cual plantear una cómoda dicotomía: Martín Palermo. Desaparecidos esos tres puntos, el relato se transformó radicalmente. Ahora bien, ¿Riquelme jugaba realmente peor antes y, en este campeonato, lo hace mucho mejor?
Lo que se ve con este caso, como en tantos otros, es que, salvando a algunos pocos periodistas que se mueven según su ideología y opinan de acuerdo a lo que su clara definición de lo bueno y lo malo en el fútbol les indica, la(s) mayoría(s) se mueve(n) siguiendo los vaivenes del barco. Es decir, dando en cada caso la respuesta más fácil y espectacular, sin pretender la comprensión de nada en profundidad. Siempre atentos a construir relatos épicos de oscuros y tenaces enfrentamientos -como antes- o de grandes héroes -como ahora. En definitiva, que pretenden sólo entretener a un público al que se lo subestima demasiado. Probablemente, porque lo construyen a su imagen y semejanza.
Mientras tanto, quienes queremos disfrutar del fútbol tenemos la suerte de vibrar -ahora y siempre- con Riquelme.
[1] Para el fútbol contemporáneo en Argentina, cinco torneos sin ser campeón es mucho tiempo para un equipo como Boca: poderoso y, sobre todo, con demasiados hinchas, a los que hay que tener contentos.

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