Por Víctor Mansilla
Entre todas las discusiones que genera el pobre desempeño actual de la Selección Argentina está la de la los jugadores locales y los que juegan afuera del país. Se hacen programas enteros para discutir si es necesario formar una selección con jugadores “de acá”, o “que sean 15 o 16 de acá con los mejores tres o cuatro de allá”. Entre tanta discusión y tan poco argumento se termina cayendo en un desorden; creando un misticismo alrededor del tema y se pierde de vista que la única diferencia en principio es que el jugador compite en otro lado (signifique eso mucho o poco).
No es necesario aclarar que el futbol europeo es mejor que el sudamericano, y ni hablar del argentino. No lo digo sólo desde el gusto personal, y ni por asomo desde un deslumbramiento por lo europeo: Se invierte más plata, lo que significa mejores sueldos. Sumado a la posibilidad de jugar con mejores, a la idea de que jugar en Europa es triunfar; y triunfar en Europa es marcar el cemento de la historia, termina siendo tentador para cualquier jugador. Y nadie va a discutir que el que tiene la plata trata de comprar lo mejor.
Algunos se van porque tienen representantes hábiles; otros porque son realmente buenos. De cualquier manera, llegado el caso se ve a quiénes le queda grande, y quienes están a la altura.
Aquellos que forman parte de los equipos importantes (pongamos los que juegan copas) y consiguen un lugar como titulares, ya tienen dos cosas: primero continuidad, y segundo un acostumbramiento físico y mental a la alta competencia.
Esa es la única ventaja que tienen los jugadores “de allá”. De cualquier manera, estamos de acuerdo que es algo que no asegura nada; no hay garantías en el futbol. Pero más allá del azar y la técnica (que es lo más evidente), es importante tener en cuenta las circunstancias que rodean a los jugadores a la hora de elegir. El nivel de exigencia en el ámbito local es tan inferior al de las selecciones nacionales, que hace muy difícil comparar a los jugadores. Con los que se fueron “ya se sabe”, con los que juegan acá todavía no.
Para saber a cuál es mejor entre dos hay que probar.
Pero en el fondo de todo, la discusión no debería ser elegir entre los de acá y los de allá, sino ver individualmente quién es el más indicado para conseguir lo que se busca; el problema es que no sabemos lo que queremos.
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